Una voz de esperanza en la lucha contra el cáncer

Al enfrentar el cáncer, puede parecer que nadie puede comprender por lo que estás pasando, y necesitas un lugar de desahogo. Por ello, te presentamos Vida y Esperanza.

*Ana Lucía Castillo

Amalia de Aguilar fue diagnosticada en julio del 2009 con cáncer de mama, al siguiente año tiene la oportunidad de participar en un taller de formación para crear y administrar grupos de apoyo para pacientes de cualquier tipo de enfermedad.

Esta experiencia la llevó a tener la iniciativa junto a otra sobreviviente de cáncer, Laura Yaquián y una amiga cercana, Lupe del Valle, de fundar “Vida y Esperanza”, un espacio en el que tanto pacientes, como familiares o amigos cercanos a una persona que está atravesando una situación similar a la que ella vivió, puedan desahogarse y aprender.

Amalia de Aguilar
Amalia de Aguilar

Cáncer no es sinónimo de muerte

Andrea Aguilar, hija de Amalia Aguilar, compartió como fue su experiencia al momento de saber el diagnóstico de su madre. “Mi mamá siempre fue la fuerte de la familia, entonces cuando la diagnosticaron, a nosotros nos tocó ser fuertes, no llorar y ser un apoyo para ella, aunque en realidad en todo el proceso, ella fue el apoyo para todos nosotros”.

Asegura que durante todo este proceso, tanto ella como su familia, tenían dudas de cuál era el escenario al que se enfrentaban todos juntos. “El grupo de apoyo son bien importantes, porque son pocas la personas que pueden saber por lo que uno está atravesando, personas que comprenden cómo nos sentimos, y en sí encontrar un apoyo”.

Cáncer no es sinónimo de muerte

Andrea asegura que al saber un diagnóstico como el de su madre, lo primero que se desea son respuestas, más información, la que es más fácil de obtener en los grupos de apoyo, como y Vida y Esperanza.

“Gracias a la experiencia de mi mamá, sé que es una mujer muy fuerte, muy valiente, y que el cáncer no es sinónimo de muerte, y que si se está juntos como familia se puede salir adelante”

Todo cambia, menos el positivismo

A los 49 años Nancy Argueta fue diagnosticada con cáncer de mama, “yo tenía un busto muy bonito y grande, pero siempre pensé que me lo podía reconstruir y ponerme algo mejor, incluso le pedí al cirujano que me quitara el otro porque así me ponían los dos implantes de una vez. Pero lamentablemente no fue así, porque me tenían que hacer radioterapias y no saben si con la radio se podía romper el implante”, comparte.

Nancy fue un caso muy peculiar, tuvo efectos secundarios leves, como cansancio en sus tratamientos, pero su  ritmo de vida tuvo que cambiar, bajo el ritmo de su trabajo, ya no salía como solía hacerlo.

Todo cambia excepto el positivismo Su familia y amigos fueron un pilar importante para sobrellevar la situación.

“El grupo me hacía sentir que no estaba sola en esta lucha; porque tengo a la familia, pero ellos no saben lo que se siente, los inciertos que uno tiene sobre esta enfermedad.

Aprendía a saber que lo que estaba sintiendo era normal y que ya iba a pasar. Que habían personas que ya habían pasado por esos síntomas físicos y emocionales y otras que lo estaban viviendo como yo”.

Lo que no te mata, te hace más fuerte

Como cada caso, el de Mónica Orozco era único, desde el momento de conocer su diagnóstico fue difícil, vivía con mucho miedo de no poder regresar a su casa, de no volver a ver a su familia, a lo desconocido y los efectos de los tratamientos.

Pero el acompañamiento de sus amigos y familias, la hizo cambiar sus pensamientos negativos, empezando a superar un día a la vez, lo que no fue sencillo, y más aún cuando no se encontraba en Guatemala durante todo el proceso de tratamiento del cáncer.

Lo que no te mata, te hace más fuerte

Al llegar al grupo de Vida y Esperanza, tuvo la oportunidad de informarse con expertos acerca de todo lo que conlleva esta enfermedad, “me gustó mucho porque la manera de  ayudar es educándonos de forma positiva en varios ámbitos. Invitan a profesionales  especializados en diferentes temas a dar charlas que nos ayudan a sobrellevar mejor nuestra vida”, comenta.

Al salir vencedora del cáncer, Mónica enfrentó otro obstáculo, había desarrollado Linfedema, un efecto secundario de los tratamientos del cáncer, en esta época en Guatemala no existía mayor información o centros para lidiar con esta condición.Lo que motiva a Mónica a crear la Fundación Guatemalteca para Linfedema, Manos Amigas, dedicada a mejorar la calidad de vida de los sobrevivientes de cáncer y pacientes con este padecimiento.

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